“Es tan lindo estar de este lado que me
da pena saber que me queda poco tiempo”.
Al entrar a la casa Bruzzone
se siente el espíritu vivo de aquel pintor Sanjuanino
que dedicó su vida al arte con gran vocación,
pasión y talento. La magia y la paz del lugar están
hoy al servicio de preservar este espacio para hacer realidad
la inmortalidad de aquellos que saben dejar sus huellas.
Al referirse al atelier del reconocido artista, Magda
Bruzzone, su esposa y modelo por 30 años, expresa
con su voz cálida y su mirada perdida en sus recuerdos:
“Podría
haber convertido el atelier en un hermoso estar con grandes
y cómodos sillones... pero me resultó imposible,
este lugar es él”. Y
eso es lo que se siente mientras uno camina entre caballetes
y pinceles y aquel Wincofón, todavía manchado
de pintura, que inspiraba sus momentos de creación.
Sentados en el cálido estar con grandes ventanales,
Magda relata algunos momentos de la vida de su esposo:
Alberto Bruzzone nació
en el año 1907 en una San Juan casi colonial con
casas de adobe, con relaciones sociales, con costumbres
absolutamente españolas, yo no diría ni
siquiera de principio de siglo, sino de fines de siglo.
Bruzzone empezó como cualquier niñito, desde
que pudo tomar un lápiz, desde que pudo expresarse
con color, pero quizá con más insistencia
y quizá con más habilidad que otros niños
de su edad. Priorizaba el jugar con la forma y el color
por encima de otros juegos, lo que traía mucha
inquietud a su padre.
Primero estudió con Arturo Dresco, el escultor
que fue autor del monumento a la reina Isabel la católica,
en el bajo de Buenos Aires. Luego cursó estudios
en la vieja Academia de Bellas Artes, la Pío Collivadino
y finalmente estudió en la Escuela Superior de
Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”.
Lino Eneas Spilimbergo fue quien le dio el empujón
final para que este muchacho, que
verdaderamente se destacaba, que tenía una clara
vocación y una clara facilidad, se decidiera a
dejar su ciudad natal y empezara sus estudios en Buenos
Aires. En 1941 se recibió de Profesor Superior
de Dibujo y Pintura con calificaciones sobresalientes.
Dejó su trabajo al poco tiempo y empezó
a dar clases de pintura y clases de inglés-sus
dos primeras esposas fueron inglesas...
-algo las mujeres consiguen enseñarle a los varones-
agrega Magda con una sonrisa pícara.
Magda y Bruzzone
Simplemente nos encontramos...
La palabra pasión quiere decir lo que no se puede
evitar, es decir, fue un disparate muy grande, por un
lado, la diferencia de edad, treinta y seis años,
que no es poca cosa, después la cosa tan azarosa,
a los 18 años, de dejar tantas cosas que a uno
le interesan. Creo que los dos intentamos mil veces darnos
la espalda y caminar separados, pero nos conocimos...
y nos conocimos... y seguimos caminando la vida juntos.
Fue imposible no hacerlo, era impensado vivir cada uno
por su lado, era demasiado doloroso separarnos. Era muy
lindo estar juntos, además pudimos construir muchísimos
proyectos; en el arte, en la familia, en la vida misma,
“todo”... pavadas, como hacer huellas de tigre
en la arena... Cuando te encontrás con la persona
que tiene que ser, y es, ya está.
Cuando nos casamos nosotros, Bruzzone ya era un pintor
conocido y destacado en la madurez de su obra. En ese
momento de la vida teníamos muchos amigos, muchos
compromisos muy gratos. Buenos Aires ofrece una gran alternativa
de actividades y toda esta demanda o ganas de participar
de ellas le quitaba mucho tiempo a su trabajo o nos quitaba
tiempo a nosotros de vida privada. A su vez yo no quería
vivir en la ciudad. Pensamos en un sitio cercano al agua,
en un sitio que tuviera medios de transportes de fácil
acceso para llegar a Buenos Aires, puesto que es allí
donde se exhiben las obras, donde se producen las ventas,
vale decir, todo el movimiento comercial se produce en
Bs. As; el interior del país no ofrece salidas
demasiado interesantes para los artistas.
En el año 1965 nos vinimos a Mar del Plata con
un niñito ya, con la idea de fundar una familia
grande. Él tenía dos hijos de su primer
matrimonio y una hija del tercero y nosotros tuvimos seis
hijos más y fundamos una súper familia...
por eso esa mesa redonda tan llena de sillas. Bruzzone
dijo: “He comprado seis lotes, en el lugar más
lindo del mundo, a tan poca distancia de la ciudad de
Mar del Plata, que está dentro de los límites
de ella, en lomas de Camet, en un paraje que se llama
El Grosellar y que es una locura de árboles; pinos,
eucaliptos y casuarinas. Y que está a 14 cuadras
del mar”. Nosotros construimos esta casa, que fue
la sexta de este barrio.
La Casa Bruzzone
Cuando Bruzzone se fue
las cosas cambiaron mucho. Los chicos se habían
casado y pensé que ya no necesitaría semejante
caserón. Si bien no me asusta, ni me disgusta,
vivir en una casa grande y sola, no la pude mantener.
Por otro lado, sentí, no digo entendí, no
digo pensé, digo exactamente eso porque fue una
cosa del sentimiento, una cosa del corazón, que
no tenía derecho de hacer desaparecer toda la memoria
que el destino me había entregado en materia de
documentos, en materia de objetos. Y así surgió
esta idea de abrir la casa al público, de preservar
su taller, de armar un importante archivo documental.
Lo que no es del todo fácil, porque a veces quisiera
tener mi casa aquí, pero si. mantuviera el taller
en una casa privada, un taller helado y en desuso, estaría
un poco loca. Sería como tener un arado paralizado,
no tendría sentido, de modo que sentí que
trascendía mi derecho heredado. Creo fue un acto
de vocación, es muy difícil evaluar por
qué uno hace las cosas, porque sí... porque
no... la razón de la sin razón... pero uno
“hace” porque camina para adelante.
Hoy trabajo mucho con chicos, con niños de escuela,
tenemos visitas guiadas permanentemente y uno de los objetivos
de fundar la casa Bruzzone fue el del desmitificar al
pintor. El pintor no es alguien tocado por una varita
mágica, el pintor es un señor que todas
las mañanas se levanta, se prepara para trabajar...
es vocación. Creo que siempre, en cualquier orden
de cosas, es bueno partir de la vocación, luego
el talento. Para llegar a ser pintor profesional hacen
falta varias cosas: la vocación, el talento, la
necesidad de comunicarse con tu lenguaje, que es el lenguaje
artístico - hay mucha gente que pinta y guarda
las cosas en su casa- pero cuando existe la necesidad
de comunicarse entonces eso se vuelca hacia el exterior
y la voluntad de sostener esto y hacer de tu quehacer
aquello que te apasiona.
Bruzzone no fue tan conocido ni tan reconocido como otros
pintores que se ocuparon de hacerse conocer y de llevar
su obra afuera. La difusión es todo un tema del
cual se tiene que ocupar el propio pintor o el galerista
que lo maneje. En el caso de Bruzzone, él tenia
mucho miedo de dejar que sus obras viajaran solas, lo
invitaron varias veces a exponer en otros países
y no quiso, y tampoco quería viajar. Él
decía: “Necesito todo mi tiempo para trabajar”.
Trabajaba con una disciplina de cualquier hombre de trabajo,
cumplía un horario todos los días a la mañana,
por la tarde leía y escribía o bien componía
sobre tablero, con materiales menos comprometidos. Era
su vida, era la vida que él elegía día
a día pudiendo elegir otras cosas.
Yo recuerdo una circunstancia, cuando uno de nuestros
hijos navegaba. Cada tanto partía y viajaba mucho,
dio la vuelta al mundo e hizo viajes de gran aliento,
de larga distancia. Siempre lo íbamos a despedir
y toda esa algarabía, esa cosa tan linda de los
clubes, la gente con ropa deportiva, izando velas... Recuerdo
que una vez, mientras Bruzzone los observaba me dijo:
“Yo me doy cuenta que no estoy del todo vivo, soy
un animal que pinta y nada más, tengo esta necesidad
de pintar que me quita de otros lugares... no estoy del
todo vivo. Veo todo esto y me parece que debe ser muy
lindo hacerlo, pero no puedo... yo, necesito pintar”.
Y no podía hacer otra cosa...
El recorrido por la casa muestra gran parte de su obra
y de sus recuerdos queridos, que Magda describe y relata
con profunda emoción. Indudablemente se siente
la presencia del artista en el ambiente. Entre pinos,
eucaliptos y casuarinas, caminamos junto a Magda hasta
el portón...
Top