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ICANEWS Marzo 2005, Año 2 # 7
Historia de vida:
Alberto Bruzzone 1907-1994
por María Alejandra Rosas

“Es tan lindo estar de este lado que me da pena saber que me queda poco tiempo”.

Al entrar a la casa Bruzzone se siente el espíritu vivo de aquel pintor Sanjuanino que dedicó su vida al arte con gran vocación, pasión y talento. La magia y la paz del lugar están hoy al servicio de preservar este espacio para hacer realidad la inmortalidad de aquellos que saben dejar sus huellas.
Al referirse al atelier del reconocido artista, Magda Bruzzone, su esposa y modelo por 30 años, expresa con su voz cálida y su mirada perdida en sus recuerdos:
“Podría haber convertido el atelier en un hermoso estar con grandes y cómodos sillones... pero me resultó imposible, este lugar es él”. Y eso es lo que se siente mientras uno camina entre caballetes y pinceles y aquel Wincofón, todavía manchado de pintura, que inspiraba sus momentos de creación.

Sentados en el cálido estar con grandes ventanales, Magda relata algunos momentos de la vida de su esposo:

Alberto Bruzzone nació en el año 1907 en una San Juan casi colonial con casas de adobe, con relaciones sociales, con costumbres absolutamente españolas, yo no diría ni siquiera de principio de siglo, sino de fines de siglo.
Bruzzone empezó como cualquier niñito, desde que pudo tomar un lápiz, desde que pudo expresarse con color, pero quizá con más insistencia y quizá con más habilidad que otros niños de su edad. Priorizaba el jugar con la forma y el color por encima de otros juegos, lo que traía mucha inquietud a su padre.
Primero estudió con Arturo Dresco, el escultor que fue autor del monumento a la reina Isabel la católica, en el bajo de Buenos Aires. Luego cursó estudios en la vieja Academia de Bellas Artes, la Pío Collivadino y finalmente estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”. Lino Eneas Spilimbergo fue quien le dio el empujón final para que este muchacho, que
verdaderamente se destacaba, que tenía una clara vocación y una clara facilidad, se decidiera a dejar su ciudad natal y empezara sus estudios en Buenos Aires. En 1941 se recibió de Profesor Superior de Dibujo y Pintura con calificaciones sobresalientes. Dejó su trabajo al poco tiempo y empezó a dar clases de pintura y clases de inglés-sus dos primeras esposas fueron inglesas...

-algo las mujeres consiguen enseñarle a los varones-
agrega Magda con una sonrisa pícara.

Magda y Bruzzone

Simplemente nos encontramos... La palabra pasión quiere decir lo que no se puede evitar, es decir, fue un disparate muy grande, por un lado, la diferencia de edad, treinta y seis años, que no es poca cosa, después la cosa tan azarosa, a los 18 años, de dejar tantas cosas que a uno le interesan. Creo que los dos intentamos mil veces darnos la espalda y caminar separados, pero nos conocimos... y nos conocimos... y seguimos caminando la vida juntos. Fue imposible no hacerlo, era impensado vivir cada uno por su lado, era demasiado doloroso separarnos. Era muy lindo estar juntos, además pudimos construir muchísimos proyectos; en el arte, en la familia, en la vida misma, “todo”... pavadas, como hacer huellas de tigre en la arena... Cuando te encontrás con la persona que tiene que ser, y es, ya está.

Cuando nos casamos nosotros, Bruzzone ya era un pintor conocido y destacado en la madurez de su obra. En ese momento de la vida teníamos muchos amigos, muchos compromisos muy gratos. Buenos Aires ofrece una gran alternativa de actividades y toda esta demanda o ganas de participar de ellas le quitaba mucho tiempo a su trabajo o nos quitaba tiempo a nosotros de vida privada. A su vez yo no quería vivir en la ciudad. Pensamos en un sitio cercano al agua, en un sitio que tuviera medios de transportes de fácil acceso para llegar a Buenos Aires, puesto que es allí donde se exhiben las obras, donde se producen las ventas, vale decir, todo el movimiento comercial se produce en Bs. As; el interior del país no ofrece salidas demasiado interesantes para los artistas.

En el año 1965 nos vinimos a Mar del Plata con un niñito ya, con la idea de fundar una familia grande. Él tenía dos hijos de su primer matrimonio y una hija del tercero y nosotros tuvimos seis hijos más y fundamos una súper familia... por eso esa mesa redonda tan llena de sillas. Bruzzone dijo: “He comprado seis lotes, en el lugar más lindo del mundo, a tan poca distancia de la ciudad de Mar del Plata, que está dentro de los límites de ella, en lomas de Camet, en un paraje que se llama El Grosellar y que es una locura de árboles; pinos, eucaliptos y casuarinas. Y que está a 14 cuadras del mar”. Nosotros construimos esta casa, que fue la sexta de este barrio.


La Casa Bruzzone
Cuando Bruzzone se fue las cosas cambiaron mucho. Los chicos se habían casado y pensé que ya no necesitaría semejante caserón. Si bien no me asusta, ni me disgusta, vivir en una casa grande y sola, no la pude mantener. Por otro lado, sentí, no digo entendí, no digo pensé, digo exactamente eso porque fue una cosa del sentimiento, una cosa del corazón, que no tenía derecho de hacer desaparecer toda la memoria que el destino me había entregado en materia de documentos, en materia de objetos. Y así surgió esta idea de abrir la casa al público, de preservar su taller, de armar un importante archivo documental. Lo que no es del todo fácil, porque a veces quisiera tener mi casa aquí, pero si. mantuviera el taller en una casa privada, un taller helado y en desuso, estaría un poco loca. Sería como tener un arado paralizado, no tendría sentido, de modo que sentí que trascendía mi derecho heredado. Creo fue un acto de vocación, es muy difícil evaluar por qué uno hace las cosas, porque sí... porque no... la razón de la sin razón... pero uno “hace” porque camina para adelante.

Hoy trabajo mucho con chicos, con niños de escuela, tenemos visitas guiadas permanentemente y uno de los objetivos de fundar la casa Bruzzone fue el del desmitificar al pintor. El pintor no es alguien tocado por una varita mágica, el pintor es un señor que todas las mañanas se levanta, se prepara para trabajar... es vocación. Creo que siempre, en cualquier orden de cosas, es bueno partir de la vocación, luego el talento. Para llegar a ser pintor profesional hacen falta varias cosas: la vocación, el talento, la necesidad de comunicarse con tu lenguaje, que es el lenguaje artístico - hay mucha gente que pinta y guarda las cosas en su casa- pero cuando existe la necesidad de comunicarse entonces eso se vuelca hacia el exterior y la voluntad de sostener esto y hacer de tu quehacer aquello que te apasiona.

Bruzzone no fue tan conocido ni tan reconocido como otros pintores que se ocuparon de hacerse conocer y de llevar su obra afuera. La difusión es todo un tema del cual se tiene que ocupar el propio pintor o el galerista que lo maneje. En el caso de Bruzzone, él tenia mucho miedo de dejar que sus obras viajaran solas, lo invitaron varias veces a exponer en otros países y no quiso, y tampoco quería viajar. Él decía: “Necesito todo mi tiempo para trabajar”. Trabajaba con una disciplina de cualquier hombre de trabajo, cumplía un horario todos los días a la mañana, por la tarde leía y escribía o bien componía sobre tablero, con materiales menos comprometidos. Era su vida, era la vida que él elegía día a día pudiendo elegir otras cosas.

Yo recuerdo una circunstancia, cuando uno de nuestros hijos navegaba. Cada tanto partía y viajaba mucho, dio la vuelta al mundo e hizo viajes de gran aliento, de larga distancia. Siempre lo íbamos a despedir y toda esa algarabía, esa cosa tan linda de los clubes, la gente con ropa deportiva, izando velas... Recuerdo que una vez, mientras Bruzzone los observaba me dijo: “Yo me doy cuenta que no estoy del todo vivo, soy un animal que pinta y nada más, tengo esta necesidad de pintar que me quita de otros lugares... no estoy del todo vivo. Veo todo esto y me parece que debe ser muy lindo hacerlo, pero no puedo... yo, necesito pintar”. Y no podía hacer otra cosa...


El recorrido por la casa muestra gran parte de su obra y de sus recuerdos queridos, que Magda describe y relata con profunda emoción. Indudablemente se siente la presencia del artista en el ambiente. Entre pinos, eucaliptos y casuarinas, caminamos junto a Magda hasta el portón...

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Casa Bruzzone
Marie Curie 6193, El Grosellar


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