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ICANEWS
Junio 2005, Año 2 # 8 |
| Desde Londres, pasando por Moscú,
aterrizando en Sépete |
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| por Alfred Hopkins |
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Un
micro de larga distancia no parece ser el lugar más
apto para fabricar sueños. ¿O sí? Uno
trata de buscar, sin éxito, cómo envolver
el cuerpo en los recovecos del asiento, evitar que la cabeza
caiga sin invitación previa sobre faldas ajenas...
y a la vez borrar de la memoria las horribles películas
norteamericanas que siempre figuran en el menú. Sin
embargo aquí estoy arrinconado en el asiento número
24 de la empresa Ko-Ko de transportes observando los sugestivos
movimientos del alargado cuerpo dormido de mi compañero
de viaje, el actor inglés William Rowsey, y pienso:
¿Está soñando? ¡Seguro! Fue a
la tierra de Konstantin Stanislavski para estudiar y actuar...
en ruso. Volvió a su tierra natal. Luego meditó
su paso por el teatro oficial en Inglaterra y Rusia y vino
a Buenos Aires con su mujer, Natalia, para que su hija pudiera
nacer en tierra de gauchos, para estar cerca de la familia
de la madre, y para buscar otros horizontes teatrales. Yo
lo estoy acompañando en el micro que avanza ahora,
Pampa por medio, hacia Plottier, Argentina. ¡Pobre
William! ¡Cómo no va a tener la cabeza llena
de sueños!
Los sueños son bárbaros y quiero hacer un
espectáculo en el cual ellos sean los protagonistas..
Es lo que me dijo William hace
un mes cuando el afable Mauricio me invitó a presentar
un espectáculo en la nueva sala de Plottier, Sépete.
Me encantó la idea. ¡Un espectáculo
sobre los sueños de los actores! Hemos rescatado
algunos pero la verdad es que los sueños viajan con
nosotros, están en un estado de ebullición
constante. Miro por la ventana. Veo las Pampas. Imagino
un gran ojo, un guiño lánguido de una mujer
gorda de panza; me seduce el silencio y los espacios entre
curva y curva. ¡Aquí estamos! ¿Dónde?
Entre un punto y otro. En un espacio con horizonte continúo.
William está soñando y yo miro por la ventana
y pienso: “¡Espacios! ¡Lo que tiene Argentina
son sus espacios! Grandes, chicos, secos, ambiguos... espacios
generosos.”
Llega con atraso el Ko Ko. Ningún problema. Es normal.
¿Un actor no espera regulando la respiración
frente al espejo, mientras se enfilan temerosos los espectadores,
cada uno pidiendo disculpas por haber llegado tarde? Salimos
del Ko-Ko, en Neuquen.
¡Allí está Mauricio Czertok al lado
de Enrique Arraujo, el cantante y artista! Todo está
bajo control. El calor seco golpea contra el techo del coche,
el viento intenta en vano soplar al oído algún
secreto mal guardado. Afuera creo ver el agua corriendo
en zanjas, dando a beber a los bosques de frutas, y los
gigantes y siempre presentes olmos que nos hacen pensar
en escenas de películas polacas o de la ex Unión
Soviética. Saltamos etapas: entramos en la sala de
Sépete, en Plottier. El primer desafío: ¿cómo
hacer coincidir la noción del espacio que se había
apoderado de nuestras conciencias en Buenos Aires con la
realidad que tenemos frente a nuestros ojos? Recordé
vagamente una frase de Witold Gombrowicz:
“La forma es aquello en que nos refugiamos para esconder
nuestra desnudez.”
La sala es rectangular, con muchas
posibilidades para la puesta. Dividimos el espacio en corredores
diagonales, ubicamos el público en los ángulos
y proyectamos el video sobre las paredes.
Eso habíamos pensado. Pero todos los espacios son
diferentes, todos representan un desafío a la imaginación,
y en el proceso de modificación de esquemas uno se
tropieza con otras verdades. Por ejemplo: durante la primera
función, en inglés y ruso, una pequeña
ventana insertada en la pared de Sépete se metió
justo en el ojo izquierdo de William, el William de la filmación,
y me causó mucha gracia, me parecía que agregó
valor surrealista al material fílmico. Habíamos
pensado en un espectáculo multi-media en el cual
los actores iban a jugar con sueños y relatos mientras
sobre la pared aparecen y desaparecen imágenes sugestivas
pero sin estructura dramática concreta, resaltando
la actuación sin distraer al espectador. En cambio,
uno de los espectadores se quejó de esa ventana.
Dijo que se peleaba con ella durante la función,
quiso sacar la ventana: causó malestar, distracción,
y además no sabía si prestar más atención
a los actores o a la película.
¡Eso sí! Cuando la función llegó
a su final, William rescató el sueño que tuvo
en el Ko-Ko, mientras yo miraba la Pampa imaginando... ¡
una mujer gorda de panza que me guiñaba el ojo!
Llegó el sábado. Rebotan los rayos de sol
por todos lados. William está en la sala ensayando
su recién aprendido castellano con Mauricio. Estamos
discutiendo cómo reacomodar los espacios, y sobre
cosas de actores: la proyección. ¿Cómo
dirigirse a un espectador particular, sentado en la primera
fila, y al mismo tiempo llenar toda la sala con la voz,
el cuerpo y la energía del personaje? Mauricio habla
de “la transfiguración.” ¿Cómo
traducir el término al inglés? No es transformación.
No. Transfiguración. Una expresión que usó
Grotosky para explicar qué hay que hacer para entrar
en el alma del personaje. William y Mauricio luchan con
el concepto. Se entienden y se desentienden. Los brazos
de William parecen flotar en el aire que le rodea. Los ojos
de Mauricio se agrandan, brillan. Cosas de actores. Se entienden
y se desentienden; es normal. Buscan, provocan, investigan,
replantean, aprenden, se equivocan, preguntan. ¿Es
un problema de idioma? ¿De formación? ¿De
términos? ¿De estilo?
Bien... ¿y qué hacemos esta noche? La función
del sábado se hará en castellano y en ruso.
Hacemos un replanteo de los espacios. Dejamos de lado eso
de los diagonales y trabajamos en un espacio frente a la
proyección, para jugar con ella, vincularse con ella.
Para los sueños esa estructura de rejas es genial.
Después preparamos un rincón para trabajar
los relatos. Ganamos un poco más de orden, perdemos
algo de estética. ¿Y el final? ¡Globos
de agua! Claro. Yo te tiro globos de agua mientras tu personaje
ruso se golpea el pecho frente al público: “Komunist!
Komunist!” Después invito a los espectadores
a romper los globos sobre tu cuerpo. Ya está. ¡Mira!
Ese espectador toma un globo, alza el brazo, apunto y...
¡splash! ¡Bravo!
Hemos aprendido, hemos crecido, hemos vivido experiencias
juntos. A pesar de los errores. Errores nuestros pero no
necesariamente errores en los ojos de los espectadores.
Hay muchas cosas que pueden ser mejoradas. Los personajes.
¿Quiénes son, realmente? Apenas nacen. Crecer
no es fácil. Es una lucha. Y estamos aprendiendo
cómo crecer. Somos actores. Somos seres humanos.
En fin. Estamos apenas en el comienzo. El teatro es así:
siempre comienza y cada acción ha de tener la frescura
de una acción única e irrepetible. ¡Basta
de conceptos!
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