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ICANEWS Junio / Julio 2007, Año 3 # 14
"Mi encuentro con la escultura”
por Juan Ramón Giménez
jramong@hotmail.com
Estoy sentado en un sillón, mirando por la ventana. Llueve. Reflexiono sobre la vida y sobre mi obra, y pienso: ¿qué les podría contar?
Datos curriculares dirían que me llamo Juan Ramón Giménez, que nací en Mar del Plata en 1971 y que desde 1994 me dedico de forma autodidacta a la escultura. Que expuse por aquí y por allá, en muestras individuales, colectivas, en bienales nacionales e internacionales; que pude mostrar mis mármoles en lugares tan distantes como nuestra Plaza del Agua o la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual en Ginebra, Suiza; que he recibido varios avales institucionales, desde la Municipalidad de General Pueyrredón hasta Cancillería Argentina; que trabajé y recorrí canteras de piedra por varios países...
Aunque más interesante sería contarles que la escultura es una hermosa casualidad en mi vida, ya que nunca había soñado con convertirme en escultor. Un día se me ocurrió hacer algo con las piedras que encontraba por la playa y ahí comenzó todo.
De la piedra tosca pasé a la piedra Mar del Plata y de ahí al mármol. Día a día fui ajustando mi mirada y mis sensaciones, comencé por comprender que las piedras no están quietas, ni son frías y que algunas no son tan duras ni ásperas como para no acariciarlas. Comprendí que la luz enciende y alumbra algo más que la vista y que cuando se combina con materia, movimiento y mucho trabajo, las cosas que nos deja ver son infinitas.
Actualmente trabajo con mármoles de demolición, con retazos de marmolerías, mesadas viejas, escalones, frentes de edificios desmontados. Generando mis propios volúmenes a partir de una técnica de corte y ensamble, parto de lo que se denomina chapa de mármol y pegándolo con resina voy fabricando torres, creando lunas y peces y todas las formas que por mi taller pasan para quedarse. Esto me da la posibilidad de darle mucho color a la obra y como mi objetivo es la luz, descubro como ésta incide de diferente manera en cada unos de los materiales que voy mezclando. Por eso cuando pienso una obra, en general, recién la conozco cuando la termino y casi siempre queda muy distinta a cuando la imaginé.
A veces también me animo a restaurar alguna obra antigua, con mucho respeto por el escultor que la creó, trato de devolverle la lozanía que el tiempo le fue quitando.
En estos años de encuentros casuales y descubrimientos, para mí asombrosos, también comprendí que si bien no todo es arte, este no es patrimonio solo de museos y galerías y que cualquiera de nosotros puede vivirlo sin solemnidad y con intensidad propia, mas o menos profunda y hasta en una repisa de casa.
En un principio, el conocer las obras de escultores como Miguel Angel, Rodin, Brancusi, Noguchi, Chillida o Giacometti me indicó senderos para transitar y experimentar, hasta que poco a poco fui encontrando mi camino y hoy siento que voy tras una obra propia, que me dice y expresa lo que vivo, lo que siento y lo que busco transmitir. Sé que la escultura es una tarea ardua y el arte un camino incierto que en general no conduce a ningún lado, pero si uno está atento es tan lindo transitarlo.


Dice Ramón: “ Sé que la escultura es una tarea ardua y el arte un camino incierto que en general no conduce a ningún lado, pero si uno está atento es tan lindo transitarlo . . .”
Nos quedamos pensando y preguntamos : ¿El arte puede no conducir a ningún lado?
A ver . . . En algún momento quise ser artista, y después ya no. Me dicen escultor, me digo escultor, quisiera algún día sentirme un escultor.
Ya no sé muy bien que es arte y que no, sé que lo que hago en el taller y en general casi todo el día me da placeres y dolores de cabeza y de alma y alegrías sólo comparables a las del amor y plenitudes; pero cuanto más trabajo, más descubro y más gozo, más me falta y más me doy cuenta que la idea de arte que alguna vez acuné en mi cabeza, debe ser re-pensada...
Cada uno le da consistencia al mundo en base a sus experiencias. Yo siento que el camino de ese arte que alguna vez soñé, se desvaneció y hoy digo que es incierto, porque me lo fabrico cotidianamente y puede cambiar esta tarde o incluso concluir mañana.
Y cuando pienso que en general no conduce a ningún lado, es porque lo siento. Marcel Proust dice "el verdadero viaje no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos" y el arte muchas veces nos puede dejar en el mismo lugar, aunque pase un año, y de uno depende mirar la baldosa que pisamos con mas detenimiento y hasta aprender cosas nuevas.
En definitiva, el arte en sí no es nada más que una herramienta que uno puede utilizar en la vida y la puede transformar en algo bello o no. Durante mucho tiempo, y aún hoy, la idea de arte fue acaparada por quienes buscaron diferenciarse del grupo, esgrimiendo la palabra arte como una lanza para elegidos y en realidad los verdaderos elegidos son los que hacen de su vida una obra feliz, en ese grupo vamos a encontrar a los verdaderos artistas.
Hay muchas cosas que podría decir, buenas o no, de mi relación y mi experiencia con el arte; ahora bien: que es un camino incierto, que puede no conducir a ningún lado y que es hermoso transitarlo, creo que es la mejor manera de contar lo que vivo desde hace unos años.
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