Blanco y negro. Un tablero. Pensamientos e inteligencia. Audacia y valentía. Ilusiones y decepciones. Pero solo un ambiente físico, la vida real. Tal cual es, cruda y miserable, volcánica e hiriente. Cuestión de vida y muerte. Solo hay dos personalidades importantes, el monarca y su primera dama.
Cerebro y corazón. Cada movimiento, es importante para que ellos se mantengan en pie. Y estos movimientos están decididos por una especie de tentáculos, que vendría a ser una imagen teológica, la cual tiene el poder de decisión por sobre las acciones de cada una de las partes. Un mal movimiento puede dejar en tela de sufrimiento a cualquiera de los dos sistemas básicos de subsistencia.
Por delante de los monarcas, se encuentran una ordenada fila de ilusiones, las cuales están encargadas de chocar con el mundo exterior, con la realidad. Las más fuertes y decididas dan pasos adelante buscando que esa ilusión se convierta en felicidad. Las más débiles se dejan devorar y nunca llegan a ser un futuro feliz. Total de eso hablamos, de la batalla entre el bien y el mal, de ser feliz o morir triste. De arriesgarse por uno mismo o quedarse esperando la muerte sin haber llegado a encontrar un camino que recorrer.
Montar un caballo, e ir a un paso extraño pero a la vez eficiente, masacrando realidades. Derribando miedos sin obstaculizarlos, siempre sabiendo que hay que ir hacia adelante. Pero por qué no, también hablar de la sección de este ejército que busca ilusiones, la parte que está hecha del material más duro. Ubicados en los extremos, vigilando que los moros no estén a la vista.
Al fin y al cabo esto es un juego, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. |