Los
inicios
Los mitos artúricos surgieron en el siglo XII, cuando
diversos poetas europeos imbuidos en un saber oculto que
se aglutinaba desde la mitología céltica al
devenir del Santo Grial, popularizaron los procesos alquímicos,
espirituales y trascendentes, enmascarándolos como
hazañas de un reyezuelo a quien se le atribuyeron
gestas de todo tipo.
Tal fue la influencia de aquellos relatos, que el Rey Arturo
se convirtió en un símbolo medieval: el Caballero
por excelencia.
Los relatos alrededor del fuego
Antiguamente los libros no existían con la proliferación
de ahora, y cuando ya existieron, no todo el mundo gozaba
del privilegio de tenerlos, ni aún de poder leerlos,
ya que la gente llana tampoco sabía leer. Así
que desde tiempos ancestrales, la gente se reunía
alrededor del fuego y allí se contaban todo tipo
de leyendas. También en los lugares públicos
se empleaba el mismo método .
La realidad y la ficción
La realidad se mezcla con la ficción cuando hablamos
del Rey Arturo, ya que a ciencia cierta poco se sabe de
él. Digamos amable visitante que, real o legendario,
parece que gobernó en Gran Bretaña en la primera
mitad del siglo VI y fue capaz de reagrupar tras la dominación
romana, diversos territorios. A partir de aquí comienza
la leyenda y entra en escena el bardo Merlín, un
mago y profeta heredero de una ciencia secreta, que nació
de la unión entre un demonio y una virgen.
El mago Merlín
Merlín gracias a su magia, ayudó en sus conquistas
al Rey Uther de Pendragón, tanto en las bélicas
como en las amorosas. De una de éstas nació
Arturo, fruto de la unión del Rey con Igrain, esposa
del Duque de Tintagel. Merlín se hace cargo del retoño,
que lo pone bajo la tutela de quienes le pueden instruir
en el arte de la caballería, palabra que simbolizaba
también la búsqueda eterna del hombre en pos
de la verdad que se hallaba en el Santo Grial, una de las
grandes obsesiones medievales.
La espada Excalibur
Algunos años después, al parecer diecisiete,
el rey falleció sin dejar un heredero legítimo.
Y entonces Merlín por encargo de los caballeros de
la corte real, busca un digno sucesor. Aparece en las leyendas
Excalibur la mítica espada clavada en una piedra
yunque. Nadie hasta el momento la había podido desclavar,
la leyenda decía que quien lo consiguiera sería
el Rey. Solo Arturo lo consiguió y así se
convirtió en rey, más tarde se casaría
con Ginebra. Y su reinado fue un cúmulo de gestas
y victorias, reuniendo diversos reinos.
La Mesa Redonda
Uno de los factores por lo que siempre se habla del Rey
Arturo a nivel popular, pero poco profundo, es por haber
fundado la Mesa Redonda. Según la Leyenda, la institución
fue creada para reunir en torno a ella a una fabulosa corte
de héroes. En aquella mesa, que estaba presidida
por el Rey Arturo, las secretas relaciones que se trataban
eran mantenidas con perfecta igualdad. Por consejo de Merlín,
Arturo erige la Mesa Redonda con doce asientos, simbolizando
al cosmos. Si el amable visitante de mi modesta web ya es
conocedor de los libros artúricos, habrá notado
leyendo entre líneas, concretamente los del ciclo
bretón, que se puede deducir de ellos una profunda
simbología: “Los doce asientos además
de la trasmigración del alma a través de las
doce eras cósmicas o ciclos del gran zodíaco,
representan las doce pruebas iniciáticas del hombre
antes de la conquista del YO superior”.
El Santo Grial
Y he aquí que una noche de Pentecostés, el
círculo de la Mesa que no estaba cerrado, es decir
que siempre había permanecido una silla vacía,
se cerró. Y en ella tomó asiento Galahad,
hijo de Lancelot, hijo a su vez del rey Ban y considerado
a su vez el mejor caballero del Rey Arturo. Quien tras superar
una serie de pruebas iniciáticas que simbolizan la
búsqueda del hombre hacia su propia esencia, accede
en otro plano de la realidad al Castillo Venturoso, la morada
del Santo Grial. Sin embargo ignora la visión de
éste, deslumbrado por la vista y la presencia de
una dama de turbadora belleza que se asemeja a Ginebra la
mujer de Arturo. Sin embargo, el castigo no se produjo y
la leyenda dice que tanto Lancelot como su hijo, tras su
arrepentimiento, pudieron ver todavía el Santo Grial,
del que ya hablaremos más adelante.
AVALON
La hermosa isla
Cuenta la leyenda que al morir el Rey Arturo y luego veremos
como, fue llevado a la isla de Avalon en donde todas sus
heridas serían curadas. Y una vez recuperado tanto
moral como físicamente, Arturo regresó esplendoroso
a construir un Camelot perfecto. Un reino iluminado.
Un retazo de Leyenda
Sumérgete conmigo, amable visitante, en un escenario
hipotético, el Castillo de Chinon (Francia). Año
del Señor 1189. Un hombre de linaje real cruza con
paso decidido los cincelados corredores y se encamina a
la Capilla. Pasa por el patio de armas y al fin, frente
a la pesada puerta, mudo testigo de los avatares de la historia,
le es franqueada la entrada. Bajo la tenue luz de los candelabros
de la gris capilla, el antes citado, se sienta en el lugar
preferente que le corresponde. Los bancos y los almohadones
un poco descoloridos por el tiempo, dan fe de sus actos.
Allí escribe, en una mesa de fino roble con pulso
firme, un mensaje que poco después un mensajero de
confianza llevará a través de caminos durante
días y noches hacia un destino: El monasterio de
Glastonbury.... Las más remotas referencias del Rey
Arturo se centran en la tradición galesa bárdica.
En una elegía compuesta por Aneirin para los reyes
de la Bretaña alrededor del 600 AD. En la citada
elegía, Arturo representa el modelo de Rey y de Guerrero.
La obra recibió el nombre de: "Y Gododdin".
Génesis de la Leyenda
A principios del siglo XIII las Leyendas Artúricas
estaban totalmente constituidas y habían sido recopiladas
en diversas ocasiones conformando ciclos homogéneos.
Primero en verso y luego en prosa se narraban las extraordinarias
aventuras de los caballeros de la Mesa Redonda. La más
conocida y la más considerada por los entendidos
es, sin lugar a dudas, "La Vulgata". Está
dividida en cinco partes: Historia del Grial, Merlín,
Lanzarote del Lago, Demanda del Santo Grial y la muerte
del Rey Arturo. Estas últimas tres partes constituyen
el Lancelot en prosa. Desde antiguo esta recopilación
se ha considerado como la única versión auténtica
de las aventuras de los Caballeros Artúricos. La
filosofía de la concepción de estos relatos
responde netamente a la guía de un arquitecto, ya
que todos los episodios se van enlazando, por lo que los
estudiosos han llegado a la conclusión, a una madura
hipótesis de que el ciclo de Lancelot o Lanzarote
en prosa es obra de un autor único o de un arquitecto
que dirigiera la labor de varios autores, tras marcarles
unas pautas concretas...
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