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No
se puede explicar fácilmente lo que vivimos ese 17
de marzo en el Estadio de River Plate. Yo estaba entre nervioso
y ansioso antes de entrar y pensaba que cuando estuviera
en mi butaca me iba a calmar. Pero no fue así. En
realidad, a pesar de que tengo bastante experiencia en estos
súper recitales, mi ansiedad sólo desapareció
cuando comenzó el concierto.
La noche era espectacular. Ni frío, ni calor, ni
mosquitos, ni gente boba gritando. La velada perfecta. Y
empezó el mega show exactamente a las 22 horas, como
estaba programado. El sonido como de otro planeta y un despliegue
escénico que ni mis compañeros de viaje ni
yo habíamos siquiera imaginado.
No voy a enumerar los temas que ejecutó la banda
porque para mí fue como una sola canción todo
el recital que, según dicen, duró dos horas
y cuarenta minutos. No tengo dudas, porque el reloj no miente,
pero para mí el tiempo no existió.
Tuve la suerte de ver a Roger Waters, ex líder de
la mítica banda británica Pink Floyd, con
mis hijos adolescentes. Para ellos fue una experiencia nueva
y compartirla fue muy gratificante. Durante el intervalo
los dos me dijeron entre risas: “Papá, ¿por
qué nos trajiste a ver esto? Nos arruinaste la vida.
Ya no podemos ir a ver a ningún otro grupo y somos
chicos todavía. ¡Esto es demasiado!”
Pero no me sentí culpable, se los aseguro.
Desde esa fecha inolvidable, para mí y otras 60.000
personas más, los chanchos vuelan y transmiten mensajes
de paz. Es que durante el tema “Sheep” un gigantesco
porcino inflable color rosa flotó sobre nuestras
cabezas con inscripciones en su lomo contrarias al autoritarismo
y la violencia, leyendas realizadas por personalidades locales
de la cultura. Y ni hablar de las luces. Un prisma (tapa
de El lado oscuro …) creado con luz láser giraba
y bañaba a los asistentes con maravillosos rayos
multicolor. En definitiva, un espectáculo impecable.
La música de estos “monstruos”, obras
que marcaron a la gente joven de los años 70 como
“In the Flesh”, “Wish you were here”,
“Mother” y “Money” entre tantas
otras, logró transmitir una sensibilidad que emocionó
a un público de todas las edades. Sin apelar a la
nostalgia, Waters, bajista, compositor y cantante recreó
una obra memorable en una noche que exigió atención
y compromiso. El fervor del público acompañó
cada uno de los temas de estos músicos ingleses que
crearon el rock progresivo, psicodélico y experimental.
Sin lugar a dudas, una presentación brillante. Un
concierto que recordaré como uno de los mejores que
he visto y en el que sólo hubo tiempo para gozar.
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