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ICANEWS Junio 2005, Año 2 # 8
“La Música es saludable”
Susana Mercorillo
Instituto Musical y Cultural

La medicina en su creciente desarrollo y avance, se ha extendido hasta alcanzar nuevas prácticas para lograr su objetivo: la cura.
Entre estas nuevas prácticas adquiere un importante lugar la Musicoterapia.

A través de la música se generan nuevos códigos de comunicación y expresión; la cuestión es saber encontrar cuáles son las estimulaciones musicales que gratifiquen al paciente. Para esto se necesita indagar en su pasado, su forma de vida, entorno y gustos personales. En esta etapa el musicoterapeuta trabaja con psicólogos, psiquiatras, médicos y familiares del paciente.

El mundo sonoro que nos rodea es vital para la forma en que nos relacionamos afectivamente y nos comunicamos, es por eso que la Musicoterapia trabaja con disfunciones que impiden el habla, tratando de generar estímulos sonoros que posibiliten expresar las dolencias y vivencias del paciente.

El trabajo realizado por la Musicoterapia puede acompañar al individuo a lo largo de su vida: en el embarazo, fortaleciendo el vínculo madre-hijo; en la infancia, en los procesos madurativos y problemas de conducta; y en la tercera edad, para los casos de demencia senil y arteriosclerosis.

Pero los logros más destacados se dan en las patologías graves: parálisis cerebral, disfunciones sensoriales y motrices; debilidad mental y autismo. Cuando la palabra está impedida, la música puede rehacer partes del entramado psíquico.
En el caso de pacientes terminales o en coma, la Musicoterapia, puede aliviar el dolor ante la cercanía de la muerte o generar pequeñas reacciones musculares.
La teoría y metodología de la Musicoterapia se basa en dos principios:

* La persona se comunica con sonidos de acuerdo a su tiempo mental, vivencias acústicas, intrauterinas, familiares, sociales y culturales.
* Los sonidos de los instrumentos utilizados son objetos “intermediarios” que provocan comunicación sin generar ansiedad o temor.

El tratamiento se divide en tres etapas:

1. Estado regresivo del paciente para posibilitar la apertura de canales de comunicación.
2. Comunicación no verbal dentro del grupo.
3. Fase de integración donde se recupera el contexto familiar y social.

En la universidad de Standford se realizó un estudio que demostró la relación estímulo-respuesta que hay entre la música y las reacciones del cuerpo. La música puede ser tan intensa y placentera como el más profundo de los sentimientos. Un estudio reciente demostró que para algunas personas es el mayor excitante que existe, incluso más que el sexo.

Se demostró que los sonidos graves provocan en los seres humanos una intensa emoción que se origina en la liberación de las endorfinas (grupo de sustancias cerebrales que aumentan las sensaciones placenteras) que producen en la mente una sensación total de placer.

Según las investigaciones realizadas, la imposibilidad de lo que se siente al escuchar una canción está relacionada con el nivel inconsciente en el que se produce esta reacción. Cuando a una persona le agrada lo que está oyendo, automáticamente se liberan en su cerebro las endorfinas. Por eso, la música adecuada en el momento adecuado produce en nuestro cuerpo y mente mucha alegría y serenidad que después de unos minutos se transforma en el distendimiento de cada nervio del cuerpo. También puede levantarnos el ánimo cuando estamos un poco deprimidos y calmarlos cuando estamos muy excitados. Nos puede hacer llorar de emoción o reír sin parar y, además, darnos ganas de comer, estudiar, trabajar, correr o hacer el amor.

Los estudios realizados demostraron que las melodías con niveles agudos muy altos producían en los voluntarios sensaciones de felicidad y alegría, mientras que las predominantes graves causaban tristeza y melancolía. El punto más importante a tener en cuenta es el ritmo de la música, ya que este es el más influyente en las reacciones de nuestros sentimientos.

El corazón humano late normalmente entre 70 y 80 veces por minuto. Investigaciones realizadas demostraron que si una persona escucha a un grupo heavy el ritmo de su corazón se acelera de 80 a 110 latidos por minuto; a la inversa, cuando se escucha, por ejemplo, un vals de Strauss la cantidad puede oscilar entre 65 y 70.

La música influye en numerosas funciones orgánicas, como, por ejemplo, el ritmo respiratorio, la presión sanguínea, las contracciones estomacales y el nivel de estrés hormonal de la sangre. Sin embargo, a pesar de existir un patrón, las personas pueden reaccionar de manera muy diferente frente al estímulo de un mismo tema.

En el hospital de la Universidad de Standford se comprobó que en las salas que tenían música funcional los enfermos se recuperaban más rápido que en las que no se la había instalado. Según los pacientes, la melodía suave los ayudaba a distraerse y relajarse haciendo sus dolores menos perceptibles y su ánimo más optimista.

Escuchar música antes, durante y después de una intervención quirúrgica contribuye a disminuir los riegos comunes a toda operación debido a que el paciente reduce su nivel de estrés manteniéndose más calmado. Es más, se estima que la música tiene un efecto equivalente a una dosis de 2,5 miligramos de un poderoso calmante.

La terapia musical es sumamente útil para calmar los dolores de cabeza, problemas digestivos, etc. Todas las enfermedades que tienen un componente emocional pueden ser tratadas con Musicoterapia.
Para los bebés prematuros, la música clásica es el mejor alimento. Se comprobó que en los hospitales los recién nacidos aumentaron de peso más rápido de lo normal.

En una prueba hecha en hogares conflictivos se comprobó que la música no solo cambia el humor de los integrantes de la familia sino también sus relaciones.

La clave para prevenir el contagio de enfermedades está ligada con los que tiene la música sobre el sistema inmunológico. Un alto nivel de estrés hormonal inhibe el funcionamiento de este sistema, pero por suerte la música ayuda a controlar estas hormonas.

Por todo esto, es que resulta tan importante el hábito de escuchar música diariamente, y mucho más el aprendizaje de un instrumento, danza, canto, es decir, todo aquello en lo cual la música esté presente.

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