La
medicina en su creciente desarrollo y avance, se ha extendido
hasta alcanzar nuevas prácticas para lograr su objetivo:
la cura.
Entre estas nuevas prácticas adquiere un importante
lugar la Musicoterapia.
A través de la música se generan nuevos códigos
de comunicación y expresión; la cuestión
es saber encontrar cuáles son las estimulaciones
musicales que gratifiquen al paciente. Para esto se necesita
indagar en su pasado, su forma de vida, entorno y gustos
personales. En esta etapa el musicoterapeuta trabaja con
psicólogos, psiquiatras, médicos y familiares
del paciente.
El mundo sonoro que nos rodea es vital para la forma en
que nos relacionamos afectivamente y nos comunicamos, es
por eso que la Musicoterapia trabaja con disfunciones que
impiden el habla, tratando de generar estímulos sonoros
que posibiliten expresar las dolencias y vivencias del paciente.
El trabajo realizado por la Musicoterapia
puede acompañar al individuo a lo largo de su vida:
en el embarazo, fortaleciendo el vínculo madre-hijo;
en la infancia, en los procesos madurativos y problemas
de conducta; y en la tercera edad, para los casos de demencia
senil y arteriosclerosis.
Pero los logros más destacados se dan en las patologías
graves: parálisis cerebral, disfunciones sensoriales
y motrices; debilidad mental y autismo. Cuando la palabra
está impedida, la música puede rehacer partes
del entramado psíquico.
En el caso de pacientes terminales o en coma, la Musicoterapia,
puede aliviar el dolor ante la cercanía de la muerte
o generar pequeñas reacciones musculares.
La teoría y metodología de la Musicoterapia
se basa en dos principios:
* La persona se comunica con sonidos de acuerdo a su tiempo
mental, vivencias acústicas, intrauterinas, familiares,
sociales y culturales.
* Los sonidos de los instrumentos utilizados son objetos
“intermediarios” que provocan comunicación
sin generar ansiedad o temor.
El tratamiento se divide en tres etapas:
1. Estado regresivo del paciente para posibilitar la apertura
de canales de comunicación.
2. Comunicación no verbal dentro del grupo.
3. Fase de integración donde se recupera el contexto
familiar y social.
En la universidad de Standford se realizó un estudio
que demostró la relación estímulo-respuesta
que hay entre la música y las reacciones del cuerpo.
La música puede ser tan intensa y placentera como
el más profundo de los sentimientos. Un estudio reciente
demostró que para algunas personas es el mayor excitante
que existe, incluso más que el sexo.
Se demostró que los sonidos graves provocan en los
seres humanos una intensa emoción que se origina
en la liberación de las endorfinas (grupo de sustancias
cerebrales que aumentan las sensaciones placenteras) que
producen en la mente una sensación total de placer.
Según las investigaciones realizadas, la imposibilidad
de lo que se siente al escuchar una canción está
relacionada con el nivel inconsciente en el que se produce
esta reacción. Cuando a una persona le agrada lo
que está oyendo, automáticamente se liberan
en su cerebro las endorfinas. Por eso, la música
adecuada en el momento adecuado produce en nuestro cuerpo
y mente mucha alegría y serenidad que después
de unos minutos se transforma en el distendimiento de cada
nervio del cuerpo. También puede levantarnos el ánimo
cuando estamos un poco deprimidos y calmarlos cuando estamos
muy excitados. Nos puede hacer llorar de emoción
o reír sin parar y, además, darnos ganas de
comer, estudiar, trabajar, correr o hacer el amor.
Los estudios realizados demostraron que las melodías
con niveles agudos muy altos producían en los voluntarios
sensaciones de felicidad y alegría, mientras que
las predominantes graves causaban tristeza y melancolía.
El punto más importante a tener en cuenta es el ritmo
de la música, ya que este es el más influyente
en las reacciones de nuestros sentimientos.
El corazón humano late normalmente entre 70 y 80
veces por minuto. Investigaciones realizadas demostraron
que si una persona escucha a un grupo heavy el ritmo de
su corazón se acelera de 80 a 110 latidos por minuto;
a la inversa, cuando se escucha, por ejemplo, un vals de
Strauss la cantidad puede oscilar entre 65 y 70.
La música influye en numerosas funciones orgánicas,
como, por ejemplo, el ritmo respiratorio, la presión
sanguínea, las contracciones estomacales y el nivel
de estrés hormonal de la sangre. Sin embargo, a pesar
de existir un patrón, las personas pueden reaccionar
de manera muy diferente frente al estímulo de un
mismo tema.
En el hospital de la Universidad de Standford se comprobó
que en las salas que tenían música funcional
los enfermos se recuperaban más rápido que
en las que no se la había instalado. Según
los pacientes, la melodía suave los ayudaba a distraerse
y relajarse haciendo sus dolores menos perceptibles y su
ánimo más optimista.
Escuchar música antes, durante y después de
una intervención quirúrgica contribuye a disminuir
los riegos comunes a toda operación debido a que
el paciente reduce su nivel de estrés manteniéndose
más calmado. Es más, se estima que la música
tiene un efecto equivalente a una dosis de 2,5 miligramos
de un poderoso calmante.
La terapia musical es sumamente útil para calmar
los dolores de cabeza, problemas digestivos, etc. Todas
las enfermedades que tienen un componente emocional pueden
ser tratadas con Musicoterapia.
Para los bebés prematuros, la música clásica
es el mejor alimento. Se comprobó que en los hospitales
los recién nacidos aumentaron de peso más
rápido de lo normal.
En una prueba hecha en hogares conflictivos se comprobó
que la música no solo cambia el humor de los integrantes
de la familia sino también sus relaciones.
La clave para prevenir el contagio de enfermedades está
ligada con los que tiene la música sobre el sistema
inmunológico. Un alto nivel de estrés hormonal
inhibe el funcionamiento de este sistema, pero por suerte
la música ayuda a controlar estas hormonas.
Por todo esto, es que resulta tan importante el hábito
de escuchar música diariamente, y mucho más
el aprendizaje de un instrumento, danza, canto, es decir,
todo aquello en lo cual la música esté presente.
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