La música puede
ser tan intensa y placentera como el más profundo
de los sentimientos. Un estudio reciente demostró
que para algunas personas es el mayor excitante que existe.
Una persona no tiene por qué ser fanática
para recibir sus influencias. Por elección o simple
casualidad, la música es parte de la vida antes del
nacimiento.
Produce en nuestro cuerpo y mente mucha alegría y
serenidad que después de unos minutos se transforma
en el distendimiento. Cuando hablamos de sonido musical
nos trasladamos, en principio, a un grupo de sonidos agradables
al oído, de acuerdo al buen gusto personal de cada
uno de nosotros. El sonido interviene directamente en las
personas, ya que la vibración del mismo energiza
nuestro cuerpo de manera positiva y saludable.
Si bien cuando crecemos no aumentamos nuestra libertad,
sí aumentamos nuestras posibilidades de SER y entonces
nos sentimos más LIBRES. ¿Por qué?,
porque las emociones son un impulso a la acción.
Cada respuesta afectiva es la antesala de la movilización
de energía que necesitamos para ponernos en marcha.
En definitiva cada uno de nosotros es sus pensamientos,
sus sentimientos, su propio cuerpo y al mismo tiempo algo
más: SU ESCENCIA. El sonido juega un papel preponderante
en todo esto, ya que actúa con las emociones, el
cuerpo y el intelecto. Así como la melodía
activa nuestra mente y pone en funcionamiento “esas”
emociones, el ritmo actúa sobre nuestro sistema nervioso,
lo cual y en conjunto producen un estado de ánimo
especial.
La música como terapia médica tiene sus orígenes
en los antiguos pueblos de África. El documento más
antiguo que la menciona es un papiro en el cual se manifiesta
una lista de sonidos musicales y sus beneficios. La curación
y terapia a través del sonido son aceptadas en muchas
culturas del mundo.
En Occidente, la Musicoterapia, ayuda a las personas a enfrentarse
con problemas emocionales y físicos que provocan
diferentes dolencias. También, puede ser utilizada
para estimular las vías nerviosas y el movimiento
corporal porque es un lenguaje, y como tal puede ser expresado,
comprendido y procesado. Posee códigos internos que
podemos entender, emplear y enseñar para ser utilizados
en las terapias.
La terapia musical es sumamente útil para calmar
los dolores de cabeza, problemas digestivos, tensión,
estrés y depresión. Todas las enfermedades
que tienen un componente emocional pueden ser tratadas con
Musicoterapia, como terapia alternativa. Para los bebés
prematuros, se comprobó que con música clásica
y por supuesto, acompañada de una buena y saludable
alimentación, los niños aumentan de peso más
rápido de lo normal.
En una prueba hecha en hogares conflictivos se ha comprobado
que la música no sólo cambia el humor de los
integrantes de la familia sino también la relación
entre ellos. La actividad musical estimula e integra todos
los aspectos de la personalidad: físico, intelectual,
ético, estético y especialmente emocional.
La música constituye una de las formas de expresión
más significativas que tiene el hombre en la sociedad,
pues se integra al grupo en un lenguaje nacional y universal.
Ella nos brinda alegría, placer, bienestar.
Todos podemos hacer música, el único secreto
es tener todas las ganas necesarias y la voluntad de lograrlo.
Cuando hemos logrado incorporar la música a nuestro
interior, difícilmente la abandonaremos.
La música está ligada al sistema inmunológico
y puede aliviar dolores y levantar el ánimo, influye
en el ritmo respiratorio, la presión sanguínea,
las contracciones estomacales y el nivel de estrés
hormonal en la sangre.
Por todo esto y mucho más, “hacer música”,
o estar en contacto con ella es totalmente saludable, sólo
hay que animarse a entrar en este maravilloso mundo.
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