La
comprensión interdisciplinaria de los procesos
de aprendizaje, las transformaciones sociales y
la globalización de la información,
han permitido en la última década,
consolidar cambios pedagógicos fundamentales,
que venían ya gestándose con anterioridad
en Francia, España y Argentina.
Si, si! Así como lo ha leído!
Si bien en Lieja, Bélgica, bajo la influencia
del Prof. Pieron la estimulación de la libre
exploración acuática nutre el aprendizaje,
es en Paris donde se crea la primera y única
Federación de Natación Preescolar
(FNP). Dicha entidad, en su principio, reunió
escuelas que comprendiendo psicomotrizmente las
capacidades de aprendizajes de la niñez,
les enseñaban guiando la exploración
hacia un futuro y sólido aprendizaje acuático
personal. Es decir, no solo técnico, sino
de su placer y seguridad en el agua.
Desde hace ya casi una década, la FNP ha
abierto sus puertas a otros núcleos sociales
que necesitan una comprensión especial en
su atención. Así surge FAEL que guía
la estimulación de los bebés, preescolares,
personas con necesidades especiales, adultos mayores
y parejas que esperan un bebé. Independientemente,
la Federación Francesa de Natación,
cumple con el desempeño al que estamos acostumbrados
en todos los países tradicionalmente. Atiende
a los requerimientos de las instituciones cuyo accionar
es de orientación netamente competitivo.
Esta especialización de ambas federaciones
esboza con claridad el citado cambio de la comprensión
del aprendizaje.
Dado que la educación es un hecho cultural,
las modificaciones sociales, políticas y
económicas producidas en España en
los últimos años, también derivaron
en una mirada especial de la enseñanza, no
abstrayéndose de ello las actividades acuáticas.
Ya en 1991 el Prof. Guerrero Luque editó
en Barcelona su Guía de las Actividades Acuáticas,
donde presenta a las diversas instituciones cuatro
modelos de programas para brindar a sus asistentes:
Modelo de Salud, referido a personas que necesitan
rehabilitación física, preparación
preparto o actividad postparto, y atención
a la tercera edad.
Modelo educativo, para la enseñanza a bebés,
preescolares, primaria y personas con déficit
sensorial o psíquico.
Modelo competitivo, en natación técnica,
salvamento, saltos ornamentales, waterpolo y nado
sincronizado.
Modelo utilitario y recreativo, con actividades
para jóvenes y adultos.
Si bien fronteras comunes acercaron los desarrollos
de ambas naciones, en el otro extremo del mundo
variados factores provocaron una transformación
paralela en nuestro país. Argentina ha sido
étnicamente tierra de seres inquietos en
el ámbito educativo. Nuestros pedagogos han
mirado permanentemente los desarrollos extranjeros,
influenciándose fundamentalmente por los
aportes europeos.
La afluencia de bibliografía española,
la comprensión psicomotriz traída
al campo educativo general desde París en
1951 por nuestra Prof. Dalila Molina de Costallat,
junto a las valiosísimas visitas del Prof.
Jean Le Boulch, hicieron que didácticamente
en las actividades acuáticas, germinara una
mirada fundamentada, que se alejó de la clásica
repetición exacta de movimientos que buscaba
resultados técnico-competitivos.
Quienes vivimos profesionalmente la década
de los 80, pudimos gozar con estos y otros excelsos
maestros del saber humano, su comprensión
individual y social. En mi caso, el Profesorado
de Educación Física con su formación
técnica acuática poco me brindó
para mi labor con pequeños. Resistiéndome
a la enseñanza por condicionamiento, y guiada
por la incomprensión de la conducta acuática
de mis alumnos (a partir de los 2 años) dediqué
desde 1977 mi formación a la luz de autores
universales del desarrollo humano infantil.
El criterio tradicional buscaba en el agua rapidez
de aprendizaje, velocidad de ejecución, técnicas
exactas, repeticiones automáticas. La práctica
de dicha actividad era el objetivo fundamental,
y cuanto más rápido se dominara, mejor
calidad se suponía que tenía la enseñanza.
Una labor de total automatización, donde
el apuro y la profundidad generaban el miedo al
agua. El objetivo era aprender a repetir determinados
movimientos. Como tal, luego de lograrlo muchos
no encontraban otro sentido y se alejaban de la
actividad pues “ya sabían” y
no les interesaba competir. Eso sin considerar la
cantidad de personas (de todas las edades) que abandonaban
sin la mejor experiencia, antes de lograr dicho
dominio.
¿Es esto educación? Educar es un proceso
¿Aprender a nadar es la búsqueda de
resultados o de procesos?
en la enseñanza tradicional de natación,
los adultos (docentes-padres) llevan al niño
a aprender una actividad. Los ejercicios, la cantidad
de repeticiones, el orden, todo está predeterminado.
en la estimulación acuática en cambio,
el docente elige la actividad para guiar el desarrollo
del alumno, en su diversidad.
El agua, un medio que nos contiene, nos envuelve
tibiamente, en el que podemos descubrir la sutileza
de nuestros apoyos y en ellos conocernos, fascinarnos
ante nuestras capacidades. Bajamos, subimos, giramos,
somos libres de conquistar nuestra propia dimensión.
No importa cómo ni cuánto tarde, y
en ese aprendizaje, descubrir los límites,
la real dimensión de uno ante uno mismo.
Las diferentes personalidades, los vínculos
necesarios, los espacios transitados, las etapas
evolutivas, las experiencias vividas, exigen a quienes
guían la actividad, la enorme responsabilidad
de una profunda y constante formación y transformación.
No es cuestión de cambiar el nombre, sino
la concepción educativa.
Al comprender que el aprendizaje de la flotación
es “sencillamente" un complejo e individual
camino de conquistas equilibratorias entre estar
parado en el piso y acostarse apoyándose
en la inestabilidad del agua, comencé a ver
las conductas de mis alumnos en forma diferente:
-Era normal que cada uno se decidiera en un tiempo
particular.
-Era lógico que en algunos apareciera temor
a hacerlo.
-Era razonable que la disposición de elementos
de apoyos intermedios entre una y otra situación,
hiciera al éxito o al fracaso del aprendizaje.
-Era indiscutible que la enseñanza en el
sector profundo no respetaba la necesidad humana
de tener seguridad, para construir luego la propia
investigación motriz.
Comencé entonces a batallar por la construcción
de plataformas que permitieran a los alumnos partir
desde parados, sin dependencia del profesor. Y a
difundir la importancia de utilizar las piletas
chicas como ámbito pedagógico. Introduje
en 1980 planchas de goma eva a mis clases. Las colchonetas
se convirtieron en los elementos "vedettes"
para estimular estos aprendizajes. No sólo
era importante tenerlas, sino saber cuales facilitaban
o no cada situación.
El camino transitado para llegar a la flotación
no terminaba allí, continuaba su exigencia
progresiva hacia el desplazamiento subacuático,
la entrada de cabeza y el rol adelante. Realicé
entonces un gran orificio redondo en una de mis
colchonetas, estimulando a los que ya estaban seguros,
a sumergirse por él. Con múltiples
pruebas, en su ritmo e inclinación particular,
veíamos cómo cada uno se aproximaba
al descenso subacuático. El mismo elemento
ayudaba a los niños con parálisis
cerebral a avanzar hacia su propio desplazamiento.
Tal como intuíamos los elementos didácticos
que creaba para facilitar el aprendizaje de unos,
ampliaba su significado en la exploración
de los demás. Rodillos, manubrios, bastones
articulados, límites, perforaciones, colores,
densidades nutrieron nuestras clases.
La progresión de situaciones fue entonces
una modulación armónica de estimulaciones
en el proceso de equilibración de su personalidad.
Muchos grandes de la neurología y la psicomotricidad
mundial como Wallon, Luria, Quiros-Schrager, Vayer,
Loyber y posteriormente Da Fonseca, me permitieron
ver simplemente la complejidad de este proceso.
Cada logro es particular, cada persona le imprime
su riqueza, cada elemento determina una estimulación
especial. Esta concepción dista mucho del
pautado aprendizaje técnico de natación,
o de la automatización de conductas del bebé
para que sobreviva a una caída al agua. Han
sido treinta años de crear entornos que permitan
a cada uno experimentar, de luchar con la prisa
de los padres y de "competir" con las
promesas de algunas escuelas que aseguraban: "en
tanto tiempo su hijo sabrá tal, tal y tal
cosa".
Podría creer-se entonces que la estimulación
acuática no enseña a nadar, pero lo
maravilloso de esto, es que guiando los procesos
naturales de desarrollo del hombre, en el agua,
él sólo descubre la natación.
Su técnica surge de la aplicación
de tomas y empujes que están presentes en
nuestra motricidad desde la época de los
reflejos más primitivos, en los primeros
meses de vida. Sólo debemos, cuando llegan
a nuestras clases, crear situaciones que les permitan
su libre y placentera utilización.
En este sentido dice el Dr. Vitor da Fonseca: "la
actividad acuática, si atiende los fundamentos
del desarrollo psicomotor, promueve y maximiza la
capacidad del cerebro para aprender a aprender,
esto es, en última instancia, la primera
finalidad de cualquier aprendizaje". |