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ICANEWS Junio / Julio 2007, Año 3 # 14
¿Qué nos puede brindar la actividad acuática?
por Beatriz Pérez
Materiales de estimulación
faep@prodigy.net.mx
La comprensión interdisciplinaria de los procesos de aprendizaje, las transformaciones sociales y la globalización de la información, han permitido en la última década, consolidar cambios pedagógicos fundamentales, que venían ya gestándose con anterioridad en Francia, España y Argentina.

Si, si! Así como lo ha leído!

Si bien en Lieja, Bélgica, bajo la influencia del Prof. Pieron la estimulación de la libre exploración acuática nutre el aprendizaje, es en Paris donde se crea la primera y única Federación de Natación Preescolar (FNP). Dicha entidad, en su principio, reunió escuelas que comprendiendo psicomotrizmente las capacidades de aprendizajes de la niñez, les enseñaban guiando la exploración hacia un futuro y sólido aprendizaje acuático personal. Es decir, no solo técnico, sino de su placer y seguridad en el agua.

Desde hace ya casi una década, la FNP ha abierto sus puertas a otros núcleos sociales que necesitan una comprensión especial en su atención. Así surge FAEL que guía la estimulación de los bebés, preescolares, personas con necesidades especiales, adultos mayores y parejas que esperan un bebé. Independientemente, la Federación Francesa de Natación, cumple con el desempeño al que estamos acostumbrados en todos los países tradicionalmente. Atiende a los requerimientos de las instituciones cuyo accionar es de orientación netamente competitivo. Esta especialización de ambas federaciones esboza con claridad el citado cambio de la comprensión del aprendizaje.

Dado que la educación es un hecho cultural, las modificaciones sociales, políticas y económicas producidas en España en los últimos años, también derivaron en una mirada especial de la enseñanza, no abstrayéndose de ello las actividades acuáticas. Ya en 1991 el Prof. Guerrero Luque editó en Barcelona su Guía de las Actividades Acuáticas, donde presenta a las diversas instituciones cuatro modelos de programas para brindar a sus asistentes:

Modelo de Salud, referido a personas que necesitan rehabilitación física, preparación preparto o actividad postparto, y atención a la tercera edad.

Modelo educativo, para la enseñanza a bebés, preescolares, primaria y personas con déficit sensorial o psíquico.

Modelo competitivo, en natación técnica, salvamento, saltos ornamentales, waterpolo y nado sincronizado.

Modelo utilitario y recreativo, con actividades para jóvenes y adultos.

Si bien fronteras comunes acercaron los desarrollos de ambas naciones, en el otro extremo del mundo variados factores provocaron una transformación paralela en nuestro país. Argentina ha sido étnicamente tierra de seres inquietos en el ámbito educativo. Nuestros pedagogos han mirado permanentemente los desarrollos extranjeros, influenciándose fundamentalmente por los aportes europeos.
La afluencia de bibliografía española, la comprensión psicomotriz traída al campo educativo general desde París en 1951 por nuestra Prof. Dalila Molina de Costallat, junto a las valiosísimas visitas del Prof. Jean Le Boulch, hicieron que didácticamente en las actividades acuáticas, germinara una mirada fundamentada, que se alejó de la clásica repetición exacta de movimientos que buscaba resultados técnico-competitivos.

Quienes vivimos profesionalmente la década de los 80, pudimos gozar con estos y otros excelsos maestros del saber humano, su comprensión individual y social. En mi caso, el Profesorado de Educación Física con su formación técnica acuática poco me brindó para mi labor con pequeños. Resistiéndome a la enseñanza por condicionamiento, y guiada por la incomprensión de la conducta acuática de mis alumnos (a partir de los 2 años) dediqué desde 1977 mi formación a la luz de autores universales del desarrollo humano infantil.

El criterio tradicional buscaba en el agua rapidez de aprendizaje, velocidad de ejecución, técnicas exactas, repeticiones automáticas. La práctica de dicha actividad era el objetivo fundamental, y cuanto más rápido se dominara, mejor calidad se suponía que tenía la enseñanza. Una labor de total automatización, donde el apuro y la profundidad generaban el miedo al agua. El objetivo era aprender a repetir determinados movimientos. Como tal, luego de lograrlo muchos no encontraban otro sentido y se alejaban de la actividad pues “ya sabían” y no les interesaba competir. Eso sin considerar la cantidad de personas (de todas las edades) que abandonaban sin la mejor experiencia, antes de lograr dicho dominio.

¿Es esto educación? Educar es un proceso ¿Aprender a nadar es la búsqueda de resultados o de procesos?
en la enseñanza tradicional de natación, los adultos (docentes-padres) llevan al niño a aprender una actividad. Los ejercicios, la cantidad de repeticiones, el orden, todo está predeterminado.
en la estimulación acuática en cambio, el docente elige la actividad para guiar el desarrollo del alumno, en su diversidad.

El agua, un medio que nos contiene, nos envuelve tibiamente, en el que podemos descubrir la sutileza de nuestros apoyos y en ellos conocernos, fascinarnos ante nuestras capacidades. Bajamos, subimos, giramos, somos libres de conquistar nuestra propia dimensión. No importa cómo ni cuánto tarde, y en ese aprendizaje, descubrir los límites, la real dimensión de uno ante uno mismo.

Las diferentes personalidades, los vínculos necesarios, los espacios transitados, las etapas evolutivas, las experiencias vividas, exigen a quienes guían la actividad, la enorme responsabilidad de una profunda y constante formación y transformación. No es cuestión de cambiar el nombre, sino la concepción educativa.

Al comprender que el aprendizaje de la flotación es “sencillamente" un complejo e individual camino de conquistas equilibratorias entre estar parado en el piso y acostarse apoyándose en la inestabilidad del agua, comencé a ver las conductas de mis alumnos en forma diferente:

-Era normal que cada uno se decidiera en un tiempo particular.

-Era lógico que en algunos apareciera temor a hacerlo.

-Era razonable que la disposición de elementos de apoyos intermedios entre una y otra situación, hiciera al éxito o al fracaso del aprendizaje.

-Era indiscutible que la enseñanza en el sector profundo no respetaba la necesidad humana de tener seguridad, para construir luego la propia investigación motriz.

Comencé entonces a batallar por la construcción de plataformas que permitieran a los alumnos partir desde parados, sin dependencia del profesor. Y a difundir la importancia de utilizar las piletas chicas como ámbito pedagógico. Introduje en 1980 planchas de goma eva a mis clases. Las colchonetas se convirtieron en los elementos "vedettes" para estimular estos aprendizajes. No sólo era importante tenerlas, sino saber cuales facilitaban o no cada situación.

El camino transitado para llegar a la flotación no terminaba allí, continuaba su exigencia progresiva hacia el desplazamiento subacuático, la entrada de cabeza y el rol adelante. Realicé entonces un gran orificio redondo en una de mis colchonetas, estimulando a los que ya estaban seguros, a sumergirse por él. Con múltiples pruebas, en su ritmo e inclinación particular, veíamos cómo cada uno se aproximaba al descenso subacuático. El mismo elemento ayudaba a los niños con parálisis cerebral a avanzar hacia su propio desplazamiento. Tal como intuíamos los elementos didácticos que creaba para facilitar el aprendizaje de unos, ampliaba su significado en la exploración de los demás. Rodillos, manubrios, bastones articulados, límites, perforaciones, colores, densidades nutrieron nuestras clases.
La progresión de situaciones fue entonces una modulación armónica de estimulaciones en el proceso de equilibración de su personalidad.

Muchos grandes de la neurología y la psicomotricidad mundial como Wallon, Luria, Quiros-Schrager, Vayer, Loyber y posteriormente Da Fonseca, me permitieron ver simplemente la complejidad de este proceso. Cada logro es particular, cada persona le imprime su riqueza, cada elemento determina una estimulación especial. Esta concepción dista mucho del pautado aprendizaje técnico de natación, o de la automatización de conductas del bebé para que sobreviva a una caída al agua. Han sido treinta años de crear entornos que permitan a cada uno experimentar, de luchar con la prisa de los padres y de "competir" con las promesas de algunas escuelas que aseguraban: "en tanto tiempo su hijo sabrá tal, tal y tal cosa".

Podría creer-se entonces que la estimulación acuática no enseña a nadar, pero lo maravilloso de esto, es que guiando los procesos naturales de desarrollo del hombre, en el agua, él sólo descubre la natación. Su técnica surge de la aplicación de tomas y empujes que están presentes en nuestra motricidad desde la época de los reflejos más primitivos, en los primeros meses de vida. Sólo debemos, cuando llegan a nuestras clases, crear situaciones que les permitan su libre y placentera utilización.

En este sentido dice el Dr. Vitor da Fonseca: "la actividad acuática, si atiende los fundamentos del desarrollo psicomotor, promueve y maximiza la capacidad del cerebro para aprender a aprender, esto es, en última instancia, la primera finalidad de cualquier aprendizaje".
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