¿Por qué las mujeres
han venido conquistando espacios en varias profesiones,
básicamente masculinas, por muchos años?
¿Lleva esto a que las mujeres desafíen sus
propios límites detrás de objetivos que
pongan su feminidad en juego? ¿O es justamente
lo que las mantiene dentro del juego?
Hace quince años que soy árbitro de básquet.
Inicié mi carrera observando, planeando, perseverando
y principalmente admirando. Vi muchos partidos administrados
con precisión, con profesionalismo, con maestría,
pero, principalmente, con mucha masculinidad. ¿Contradictorio,
no?
¿Qué significaba para mí la masculinidad?
Justamente tenía que ver con un pulso fuerte que
conduciría un partido del comienzo al fin. Pero,
¿ cómo podría entrar en este mundo
siendo una chica de 24 años que pesaba apenas 48
kilos y que medía sólo 1,57m? ¿ Qué
haría que jugadores de casi dos metros me escucharan
y respetaran?
Descubrí que las mujeres tenemos una fuerza fuera
de lo común, la cual trasciende a nuestra contextura
física. Me di cuenta que nuestro sentido de justicia
y de firmeza al momento de tomar decisiones hace realmente
la diferencia, sin dejar de mencionar nuestra sensibilidad
que nos ayuda a mantener la calma ante cualquier indicio
de competencia o intolerancia ajena.
Luego de muchos años de cuestionamiento percibí
que la única manera de igualarme y de conquistar
mi lugar era a través de un profundo e intenso
estudio de todas la s reglas existentes y de la permanente
actualización de las mismas. Descubrí que
los hombres respetan a quien tiene conocimiento, a quien
administra teoría y práctica.
Si esta profesión es esencialmente masculina, nuestro
margen de error debe o deberá ser siempre próxima
a cero. Siguiendo el concepto de que no hay posibilidades
para el error, hacemos que nuestros partidos transcurran
ajustados a las reglas de forma precisa y a favor de cuestionamientos.
Confieso que hace quince años atrás esta
conquista me resultó muy difícil porque
los hombres me veían como un ser extraterreste.
Sin embargo hoy, con la fuerza de la igualdad sexual,
veo que las mujeres conquistamos un espacio importante
y que somos respetadas por nuestro conocimiento y talento.
Cuando miro para atrás, pienso, analizo... y no
me arrepiento de nada: ¡Valió la pena!