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de 1000 corredores participamos de este evento que se desarrolló
en un marco natural impresionante, donde tuvimos que atravesar
senderos de nieve, caminos de ripio y sortear las dificultades
que presentaba el terreno en este paradisíaco lugar.
En la charla previa, se decidió retrasar la largada
unos 30 minutos, esperando que el primer sol de la mañana
nos allanara un poco el camino, debido a la cantidad de
nieve que tenía el terreno.
El Lago Correntoso fue la cita para el inicio.
Apenas recorrimos los primeros kilómetros, nos encontramos
con el tramo más dificultoso de la competencia, en
donde la trepada al Cerro Bayo, de cerca de 1500mts, presentó
un terreno sumamente difícil, no solo por la pendiente,
sino porque la irregularidad del suelo hacía que
miráramos cada paso que dábamos.
Luego de unos 45 minutos, llegamos al límite de la
subida. Allí me permití bajar el ritmo y tomarme
dos segundos para contemplar ese paisaje extraordinariamente
asombroso, donde tenía los picos nevados a mi altura
y de fondo el lago transparente que reflejaba todo su entorno.
El paso de unos corredores me hizo despertar y volver a
la carrera para realizar ahora el descenso, que no dejó
de tener sus dificultades. Fue la parte más divertida.
La bajada estaba atravesada por la pista de esquí
y donde las caídas y los revolcones eran inevitables.
Allí quedaron mis caramañolas y la barrita
de cereal que no llegué a degustar.
El resto fue mantener el ritmo y no aflojar.
Llegar a la meta da fortaleza y fuerza para saber que
siempre se puede más.
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