Conoces las palabras
que, cual miel fresca,
me endulzan por completo,
¡y las dices!
Conoces la reacción
de mi cuerpo ante
el roce de tu piel de terciopelo
¡y me acaricias!
Conoces el rubor
que causan en mis mejillas
tus miradas fugaces,
¡y me miras!
Dime, entonces: si conocieras
cómo mi corazón
a tu amor respondería,
¿acaso, entonces, me amarías?